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Biodiésel: la Unión Europea embiste contra el aceite de palma

Los gobiernos europeos están tomando medidas para frenar su ingreso por las denuncias de violaciones a leyes forestales y ambientales en Malasia e Indonesia. 

La Unión Europea está avanzando violentamente contra el consumo de aceite de palma en el viejo continente. El bloque nunca se sintió cómodo con las importaciones de biodiésel (tanto de palma como de soja) que comenzaron a escalar rápidamente a principios de esta década y generó el reclamo de los productores de biocombustibles locales europeos, mucho menos competitivos.

La Comisión Europea fue tomando diferentes acciones para intentar frenar el ingreso del biocombustible desde el sudeste asiático y desde nuestro país. Estuvieron las denuncias por dumping contra Argentina, que apelando a la OMC logró que queden desestimadas, hasta determinadas medidas pararancelarias que terminaron afectando también a su propia industria.

Una de ellas fue la introducción del concepto de cambio del uso del suelo (ILUC) en el recuento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Para que un biocombustible pueda ser considerado como tal en el viejo continente, debe reducir 60% las emisiones GEI frente a su equivalente fósil de referencia. ILUC parte de la base que la obligatoriedad en el uso de biocombustibles había generado una demanda mayor de granos y oleaginosas, lo que daba origen a “cambios en el uso del suelo”, que derivarían en mayor aumento de emisiones GEI y mayores precios en los alimentos.

Con este argumento, el cual Marie Donnelly -miembro de la Comisión de Energías Renovables del Parlamento Europea- reconoció que se basó en la percepción de la sociedad de que los biocombustibles atentaban contra los precios de alimentos y que no hubo ningún fundamento científico que lo avalara, la Comisión Europea limitó el uso de biocombustibles convencionales a un corte máximo con fósiles del 7%, que será limitado a 3,8% a partir 2030.

La industria de biocombustibles europea quedó muy disconforme con esta medida. Para colmo, el consumo de combustibles viene en caída Europa. La porción de la torta se achica y los productores de biocombustibles europeos están dispuestos a mover todas sus fichas para no compartirla con nadie de afuera.

Mientras Argentina apelaba la denuncia por dumping en la OMC, la CE fue contra la sustentabilidad del biodiésel de soja. En un gran trabajo conjunto entre INTA y Carbio (la cámara que nuclea a las industrias exportadoras de biocombustibles), coordinado por Jorge Hilbert, lograron demostrar y certificar que el biodiésel argentino reduce 70% las emisiones GEI, superando el requisito mínimo de 60%.

En otro intento más por detener el flujo de importaciones, al igual que hizo Estados Unidos, la CE denunció el año pasado a Argentina por subsidios. Antes del 28 de febrero, la CE deberá definir si habrá aranceles para el producto argentino.

Mientras tanto, la CE viene embistiendo muy duro contra el aceite de palma. Las denuncias que cayeron sobre algunos productores, fundamentalmente en la isla de Borneo, que han violado las leyes forestales y de explotación infantil, han sido hábilmente aprovechados para generar un caldo de cultivo en contra de la sustentabilidad del aceite de palma. A esto se han sumado ONG ambientalistas y ya han recolectado más de medio millón de firmas para solicitar a la CE que prohíba el consumo de biodiésel de palma en toda Europa a partir de 2021.

El Reino Unido, Noruega -principal exportador de petróleo del continente europeo- y recientemente Francia, se adelantaron y ya pusieron en práctica la restricción en sus países. Contra la acción del gobierno de Macron salió al cruce nada menos que la mayor compañía petrolera del país y una de las más grande del mundo.

La exclusión del aceite de palma como materia prima para elaborar biocombustibles pone en riesgo la refinería de La Mede, una vieja planta petrolera convertida en biorrefinería, donde el grupo francés invirtió más de 300 millones de dólares.

La situación en el sudeste asiático se ha vuelto complicada. Para colmo desde noviembre, India -principal importador de aceites vegetales- duplicó los impuestos a la importación de estos productos, buscando limitar sus compras. Los stocks de aceite de palma cerraron el 2018 en niveles récord, con más de 3 millones de toneladas acumuladas El cultivo de palma es una de las principales actividades en Indonesia y Malasia, y ambos gobiernos están casi desesperadamente buscando alternativas para paliar la crisis.

El viceministro de Industrias Primarias de Malasia, Shamsul Iskandar Mohd Akin, pidió a los ciudadanos y a las industrias que consuman toda la palma que puedan. Del mismo modo instó a los aeropuertos a mover todas sus tractores y maquinaria con biodiésel.

Por su lado, Indonesia, que ya cuenta con un corte de biodiésel en gasoil del 20%, está estudiando llevarlo al 30% para todos los motores diésel del país. La importancia que tiene el sector en este país es tal que el gobierno aseguró que Lyon Air, principal cliente de Boeing a nivel mundial, solo comprará aviones nuevos si les dejan construir plantas de biocombustibles en Estados Unidos.

Planters United, una ONG compuesta por pequeños productores de palma pidió a la Comisión Europea que se revean las prohibiciones, ya que afecta directamente la economía del sector más vulnerable. Su presidente asegura que han implementados todos los controles necesarios que aseguran que el balance de la biodiversidad se mantenga estable.

En 2017, Unilever fue acusada, junto con Pepsico y Nestlé, de ser cómplice de la destrucción de las últimas selvas tropicales de Sumatra. Luego de una investigación, la empresa británico-holandesa, retiró a Sawit Sumbermas Sarana (SWS), un productor indonesio de aceite de palma, de su lista de proveedores luego que se descubriera que SWS había infringido leyes que restringían la deforestación y la remoción de turberas. Pocos meses más tarde, la compañía implementó sistemas de certificaciones y trazabilidad en toda la cadena de suministro.

Los vasos comunicantes que existen entre los mercados de aceite terminarán afectando directamente al derivado de soja, ya que ambos compiten por mercados similares. Además de biodiésel, ambos aceites se utilizan en un amplio rango de productos, ya sea como insumos en industrias alimenticias para la elaboración de harinas industriales, snacks, margarinas, o en la industria de cosmética y oleoquímica.

 

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