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Cerdos, granos y bioenergía, el camino de la bioeconomía en el norte cordobés

En Jesús María y en Colonia Caroya, Luis Picat construyó un esquema integrado de producción porcina que emplea a 200 personas. Una historia de desarrollo, agregado de valor y que ahora lo lleva a la intendencia de su ciudad.

La idea de agregar valor a los granos puede sonar a concepto abstracto, económico y a eslogan “gastado”, de tanto que se repite. La realidad es que puede ser un eje de desarrollo económico y social que le cambia la vida a la gente. Hace 20 años, Luis Picat y su padre José Luis tenían dos empleados -los hermanos Barrera- para manejar 600 hectáreas en las que hacían ganadería y agricultura cerca de Jesús María, en el norte cordobés. Ahora, emplean a 200 personas en una cadena integrada de producción de carne porcina, que cuenta con campos agrícolas, granjas y un frigorífico propio que faena 110.000 cerdos por año.

Es el camino de la bioeconomía, que Picat comenzó a recorrer para “esquivar” la pesada factura del flete de los granos en camión, cuando el campo está lejos de las terminales portuarias del Gran Rosario.

“Empezamos a pensar en convertir los granos en carne, primero de pollo y luego de cerdo, porque los márgenes se reducían cada vez más por el alto impacto del flete”, recordó Picat, que además es el intendente electo de Jesús María, en una entrevista con Clarín Rural.

Picat, que este año fue distinguido en los premios Testimonios de Clarín Rural en la categoría Desarrollo Empresarial, es licenciado en Informática pero a los 20 años comenzó a hacerse cargo de los campos ganaderos y agrícolas de la familia. “La parte agronómica la aprendí en un grupo CREA”, contó. La formación en números y agronegocios la pulió con una Maestría en Dirección de Empresas en la Universidad Católica de Córdoba.

Cuando arrancó en los lotes, convenció a su familia de la necesidad de empezar con la siembra directa en un ambiente en el que cada milímetro de lluvia importa. En el 2000, ya en sociedad con su padre y su hermana, porque se dividió la empresa que conformaba su padre con sus hermanos, se enfocó en el agregado de valor.

La primera idea fue una granja de producción avícola, que llegó a generar 8 millones de huevos fértiles por año. “Era un esquema de productores integrados, como si fuera un feedlot. Recibíamos el pollito, lo engordábamos con nuestro maíz y lo volvíamos a vender”, contó.

En el 2006, siguieron los cerdos. “Construimos la granja y nos apasionamos con el negocio porcino, que tiene indicadores muy precisos para medir el esquema productivo. En el 2008 ya estábamos diseñando el plan de negocios para construir el frigorífico”, destacó Picat.

La bondiola, las costillitas y el matambre de cerdo hoy son el principal negocio de la empresa, con dos patas bien definidas: la granja intensiva La Quimera y el frigorífico Qualitá, que tiene su planta en Colonia Caroya.

En la granja porcina tienen un plantel de 1.000 madres y unos 12.000 animales en ciclo completo. Transforman 8.700 toneladas de granos en carne. “Para alimentar a los cerdos, prácticamente, nos comemos toda y la soja que producimos”, precisó Picat.

Hace dos años, además, la encontraron la vuelta a bosta. Después de viajar por Brasil, Alemania y Australia, para buscar una tecnología que se adapte a lo que necesitaban, con un crédito del Banco Nación construyeron un biodigestor que convierte los efluentes porcinos en fertilizante y gas metano, con el que generan energía eléctrica. “Nos permitió bajar los costos eléctricos, fertilizar los lotes agrícolas y solucionar un problema ambiental”, resumió el empresario, que asume el timón del municipio de Jesús María el 10 de diciembre.

El frigorífico Qualitá está dedicado a la faena -de animales propios y de terceros-, desposte y distribución de la carne de cerdo, con marca propia. “El problema es que los cortes en el mercado argentino se venden en las góndolas de los supermercados como si la carne fuera un commoditie, pero salen de nuestra planta embalados en cajas con nuestra marca y sabemos que los frigoríficos valoran nuestra calidad”, aseguró el empresario.

La apertura del frigorífico fue también una oportunidad de empleo y desarrollo para la gente de Colonia Caroya y Jesús María, en donde se había cerrado un frigorífico de carne vacuna que empleaba a 400 personas, hacia el 2008. “Muchos de los operarios que trabajaban en esa planta se incorporaron a nuestro nuevo frigorífico”, recordó Picat. Hoy es uno de los establecimientos porcinos más importantes de la provincia de Córdoba, con un volumen de faena de 110.000 cabezas por año.

El crecimiento de los Picat también estuvo ligado a la intuición de que el consumo de carne de cerdo iba a crecer en la Argentina. Cuando el empresario comenzaba a soñar con una granja porcina, en el 2004, los argentinos comían unos cinco kilos anuales de cerdo y sobre todo en fiambres. Este año se estima que podrían superar los 17 kilos por persona y con un consumo orientado a los cortes frescos, como la bondiola y el matambre.

“Llevamos unos quince años en los que el consumo de carne de cerdo creció a un ritmo parejo y suave, a un ritmo de un kilo por año. Nos subimos a esa ola un poco por suerte y también por intuición”, destacó.

La pregunta que está en la cabeza de Picat -y de todo empresario porcino- es hasta qué punto va a crecer la demanda porcina en el mercado interno. “Mi sensación es que a nivel interno es difícil que superemos los 20 kilos anuales por persona por una cuestión del gusto de la gente, que históricamente se ha volcado más a la carne vacuna. Por eso creo que el desafío para los próximos años es apuntar a la exportación y para eso es fundamental que se sigan abriendo mercados”, indicó.

El frigorífico Qualitá vende al mercado externo el 5% de su producción (incluso envió carne a Hong Kong) pero hasta ahora son cortes baratos o directamente descartes.

En los próximos días van a tener una gran oportunidad para poner un pie en el mercado más importante del mundo. “Nos van a visitar inspectores chinos para habilitar la posibilidad de que el frigorífico exporte a ese destino”, contó Picat.

El gigante asiático es el mercado de mayor escala a nivel global, con un consumo que duplica al argentino (unos 30 kilos de carne anuales por habitante). Se estima que los chinos, además, perdieron un tercio de su rodeo porcino por el impacto de la fiebre porcina africana y van a necesitar mucha carne de cerdo durante los próximos cinco años.

Lo importante es que no sólo es una buena oportunidad para los Picat, sino también para la gente de Colonia Caroya y Jesús María, que en el negocio de transformar los granos en carne y bionergía puede consolidar un horizonte de desarrollo para todo el norte cordobés.

 Clarín Rural

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