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El aporte del campo será clave para la recuperación de la economía

El producto se contrajo un 9,3% anual en los últimos tres trimestres de 2018, como consecuencia de la grave sequía que experimentó la producción agroalimentaria en los 6 meses previos a abril del año pasado, que implicó pérdidas por U$S 8.500 millones y una reducción de 30% en el PBI agrícola en la Argentina.

Esto se combinó con la crisis cambiaria desatada en el segundo trimestre del año, como consecuencia de la apreciación del dólar estadounidense, derivada de la expansión récord de la economía norteamericana, que creció 5% anual entre abril y junio de 2018.

La crisis cambiaría, tras una devaluación del 40% (que trepó a 100% en el año), desató un shock megainflacionario con un alza del índice de precios al consumidor (IPC) de 60% anual, sumada a una fuga de capitales de U$S 28.300 millones –superior a la que se experimentó en 2001-, y a una profunda recesión, que culminó con una caída de 2,6% del producto en 2018.

Los efectos de la crisis golpearon con más fuerza a la actividad comercial, que se contrajo 20% anual en los últimos tres trimestres de 2018, a la industria de la construcción (menos 19,5%), y a la industria manufacturera (menos 16,9%).

Esta última también fue afectada por la sequía más grave de los últimos 50 años, sobre todo en el sector de maquinaria agrícola y en las ventas de “pick-ups” de la actividad automotriz.

El resultado fue que el PBI, después de comenzar el primer trimestre del año con una expansión del 4% anual, se derrumbó 4% en el segundo trimestre, profundizándose la caída en el tercero y cuarto, hasta alcanzar el piso de la crisis en el mes de octubre, cuando coincidió con una disminución del producto de 6% anual y un extraordinario crecimiento de la inflación. Que alcanzó al 6% mes a mes en el mismo periodo.

La tendencia cambió en el comienzo de 2019, en la agroindustria. El PBI se expandió 0,7% en enero de 2019 respecto a diciembre, como consecuencia de un crecimiento del 7% anual en el PBI agrícola. Esto se debió en forma directa a una cosecha récord de trigo y cebada de 23 millones de toneladas, que implicó el ingreso al país de U$S 4.600 millones.

En enero, también se produjo una mejora significativa de otros indicadores decisivos de la economía argentina. La “producción de autos”, tras haberse contraído 18,3% en diciembre, se expandió 5.3% en enero; y la “producción de acero”, después de sufrir una disminución de 8% en diciembre, creció en enero 5,3%.

En la Argentina, la recuperación económica es sinónimo de auge del PBI agroalimentario. La cosecha de granos de este año (con eje en el maíz, la soja y el trigo) ascendería a 144 millondes de toneladas, récord histórico. Es una diferencia de 28 millones de toneladas respecto a la cosecha de 2018, con una variación positiva del 28%.

Esto implica un aporte neto del agro a la construcción del PBI en 2019 de 1,3% del producto, frente a la contracción de 1,4% experimentada en 2018.

Por eso, en el segundo trimestre del año habría una expansión de 2,6% y de 4% en el cuarto, en un camino de recuperación generalizada de la economía argentina, tras la profunda crisis cambiaria y de sequía experimentada el año pasado.

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