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El INTA y el Ministerio de Trabajo apuestan a profesionalizar el empleo rural

Desde 2016, ambos organismos impulsan diversas líneas de acciones para fortalecer a los trabajadores del campo. Con más de 36 millones de pesos invertidos en entrenamientos laborales y centros de formación, redoblan la apuesta para 2018 con nuevas actividades en todo el país.

El INTA y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación impulsan proyectos de Entrenamiento Laboral para financiar la compra de herramientas e insumos, el pago de seguros y un ingreso mensual a los participantes por el tiempo dedicado a la formación. Hasta la fecha, ese ministerio invirtió más de 32 millones de pesos en diversos entrenamientos laborales, que ya permitieron capacitar a 2.400 personas. Más del 50 % de esos proyectos y sus participantes están concentrados en localidades de Chaco y Salta.

En 2016, con la firma de un convenio, quedó institucionalizada dicha cooperación. “Este programa permite capacitar a actores locales en lugares clave para el desarrollo de actividades productivas y de valor agregado en el territorio”, dijo Diego Ramilo, a cargo de la Coordinación Nacional de Transferencia y Extensión (CNTyE) del INTA. “Como resultado”, explicó, “se promueve la generación de trabajo genuino y se logran mejoras en la calidad de vida de las familias involucradas”.

En esa línea, el responsable de la extensión del INTA resaltó el impacto de los cursos. “Estos entrenamientos mejoran la capacidad de las personas en situación vulnerable para insertarse en un circuito productivo laboral y formal”, dijo Ramilo. Asimismo, valoró las distintas experiencias realizadas en este marco: desde pequeños productores tamberos que agregaron valor para producir quesos hasta un grupo de mujeres consolidadas como emprendedoras y productoras de flores y plantas que, junto a la cooperativa santafesina de Villa Ocampo, generaron ingresos y mano de obra.

“Participamos como capacitadores técnicos, con el compromiso de formar a jóvenes adultos, mujeres y hombres de áreas rurales y pueblos originarios en diferentes temáticas, donde el INTA crea espacios de capacitación con comunicación e intercambio de conocimientos, experiencias teóricas y prácticas, acompañando proyectos productivos en ejecución”, explicó la extensionista Gabriela Faggi, del INTA Las Breñas –Chaco–.

Según la especialista, los entrenamientos se llevan adelante gracias al trabajo en red con diversas instituciones locales y la oferta no alcanza a satisfacer la demanda. “Generamos una oportunidad de capacitación en construcciones de acceso al agua, buenas prácticas de producción, oficios y valorización del trabajo rural”, precisó Faggi.

Además de la formación, quienes participan de los entrenamientos laborales obtienen una certificación del ministerio de Trabajo, que los habilita a responder la demanda de distintos oficios muy requeridos en el sector agropecuario. En Chaco, por caso, los plagueros formados gracias a estos proyectos, actualmente ofrecen sus servicios en manejo integrado de plagas en soja, girasol, algodón, sorgo y maíz para medianos y grandes productores. En Monte Caseros, Corrientes, los productores de cítricos de gran escala ya están contratando a operarios en monitoreo de plagas que fueron formados en los entrenamientos que impulsan el INTA y el MTEySS.

Durante los ocho meses que dura el curso, se otorga un aporte económico a los participantes. “Uno de los mayores inconvenientes para sostener la asistencia a las capacitaciones y cursos a largo plazo es la necesidad de ocupar ese tiempo en el trabajo que lleve el capital a sus hogares. Mediante la asistencia económica de los entrenamientos laborales se incrementó la participación y, con la debida responsabilidad de control del cumplimiento de los objetivos, se logran insertar conceptos fundamentales que significan un aporte importante en la formación de recursos humanos locales”, expresó Aldo Smeriglio, extensionista del INTA Las Breñas.

Sólo en el área de influencia de esa unidad, ya se realizaron ocho proyectos vinculados con la construcción de obras para acceso al agua, tres focalizados en producción hortícola y forestal, dos sobre manejo del ganado caprino y uno abocado a tareas agropecuarias. En total, alcanzaron a unas 360 personas. Además, en abril se iniciarán dos nuevos entrenamientos, asociados a las buenas prácticas agrícolas y al diseño textil.

“Hace tres años que venimos haciendo entrenamientos laborales en el norte de Santa Fe”, dijo Ana Deambrosi, jefa de la agencia de extensión rural del INTA en Las Toscas, casi en el límite con Chaco. De la mano de la CNTyE y junto con grupos de Cambio Rural, Deambrosi impulsó dos capacitaciones: de operario tambero y producción de agricultura familiar, con unos veinte participantes en cada caso. El segundo entrenamiento se realizó en La Hortensia, con el apoyo de la organización de productores “Obreros del surco”. “Eran gente que trabajaba en tareas manuales durante la cosecha de algodón y de caña de azúcar, que fue quedando dispersa con la mecanización, fueron quedándose sin trabajo”, contó Deambrosi. Así, del oficio de cosecheros, que antes de la mecanización les permitía ser mano de obra calificada, pasaron a empleos informales y vulnerables.

En el entrenamiento de La Hortensia, participaron 20 hombres y mujeres de entre 18 a 35 años. Como resultado, se pusieron en marcha doce emprendimientos de huertas, producción de huevos y de pollos parrilleros, lo cual implicó la construcción de diez galpones y la instalación de tres sistemas de riego para horticultura. En Villa Ocampo, además de formar operarios tamberos, el entrenamiento tuvo como resultado la producción de seis silos de sorgo.

“En nuestra zona, donde la economía regional sigue en crisis, el gran problema es que falta trabajo para la gente. Poder acceder a una capacitación que les de habilitación en distintos temas, permite recuperar el trabajo calificado. Eso genera una valoración a nivel económico y personal”, afirmó la extensionista. De acuerdo con Deambrosi, “la continuidad de este programa nos permitirá fortalecer estos emprendimientos y, además, darle valor agregado a la producción primaria”. En esa línea, agregó, “se mejoran los ingresos y la calidad de vida de los jóvenes y eso promueve su arraigo en la comunidad”.

La trama de la productividad

El INTA y el MTEySS también llevan adelante una línea de acción enfocada en fortalecer los entramados productivos. Desde la implementación del mencionado convenio, se han invertido casi cuatro millones de pesos para financiar emprendimientos agropecuarios asociativos.

El caso de la cooperativa apícola Amuyén Limitada es un buen ejemplo. El emprendimiento, ubicado en la localidad bonaerense de Escobar, involucra a 16 cooperativistas para poner en marcha una planta de fraccionamiento y envasado de miel, que mejorará la calidad y cantidad de su producción. Este establecimiento contará con los requerimientos de habilitación de SENASA, lo que les permitirá acceder a nuevos mercados. El proyecto cuenta con un financiamiento de $1.157.270 a cargo del MTEySS.

Del mismo modo, la Cooperativa Agrícola y de Consumo Peumayén de Pichi Leufú, de la provincia de Río Negro, recibió una asistencia económica por $1.312.640 para fortalecer la producción forrajera y lanífera. En este caso, 36 productores familiares de ganado menor se han beneficiado con la adquisición de equipamiento agrícola para el laboreo de suelos para la siembra e implantación de pasturas, y de semillas de alfalfa. Además, cuentan con fondos para acondicionar la movilidad que les facilitará el traslado de implementos de esquila, transporte y comercialización de forraje y lana.

“Entramados Productivos Locales forma parte de una política pública orientada al fortalecimiento y la generación de empleo en todo el territorio nacional”, explicó Anabella Ruiz, referente de Entramados Productivos en el MTEySS. Según sus palabras, el principal objetivo de esta herramienta es “Contribuir al desarrollo de Unidades Productivas Asociativas a través del fortalecimiento de una o diversas fases del proceso productivo”. Por otra parte, Ruiz señaló que esta iniciativa busca contribuir a desarrollar la producción local mediante el apoyo a la creación de Centros de Servicios orientados a pequeños productores.

En esa línea, la referente del Ministerio explicó: “Trabajamos con organizaciones de productores que tienen una trayectoria de trabajo conjunto y que buscan afianzarse organizativa y productivamente”. Como ejemplo, añadió, esas organizaciones pueden adquirir bienes de uso colectivo, adecuar espacios, invertir en comercialización y logística, entre otras posibilidades.

“Cada proyecto responde a las características y necesidades particulares de los grupos, sus actividades productivas y las localidades donde se desarrollan”, dijo Ruiz. Debido a eso, en cada etapa del proyecto, “los técnicos territoriales que acompañan a los productores cumplen un rol fundamental”. Al respecto, Ruiz afirmó: “El trabajo articulado con el INTA propicia que las iniciativas presentadas sean relevantes en la trama productiva local y que resulten sustentables en el tiempo”.

La formación, un aspecto clave

En paralelo, en el marco de esta articulación, el Ministerio y el INTA llevan adelante cinco centros de formación en oficios rurales, con una inversión de cuatro millones de pesos, donde ya se capacitaron más de 540 personas. En cada uno de esos espacios se dictan 32 cursos que van de la sanidad animal a la cocina regional, pasando por luthería, turismo rural comunitario, comunicación y artesanías textiles, entre otros.

En ese contexto, con el apoyo de la Dirección Nacional Asistente de Sistemas de Información, Comunicación y Calidad del INTA, se elaboraron los diseños curriculares de cursos orientados a la formación en huerta agroecológica y acceso al agua para uso integral. Tales diseños están a disposición de cualquier organización interesada en dictar este tipo de capacitaciones.

En 2014, la extensionista Fabiana García, del INTA Benito Juárez –Buenos Aires–, comenzó a trabajar en una huerta comunitaria junto a Oré Tapé, una ONG dedicada a fortalecer capacidades en el medio rural. El proyecto creció y surgió la idea de poner en marcha una radio. “Fue entonces cuando presentamos el proyecto para implementar un centro de formación y trabajar el fortalecimiento de distintos emprendimientos asociados a la feria local de productores y artesanos”, dijo García. En ese marco, brindaron un curso de comunicación comunitaria y otro sobre emprendimientos de la economía social. “Cada curso se dio por partida doble, en la ciudad cabecera y en las localidades de Barker y Villa Cacique. Participaron alrededor de 120 personas en total”, precisó.

De acuerdo con García, la experiencia fue más que alentadora. “Para nosotros fue fabuloso”, valoró la extensionista, quien actualizó los resultados: “Un grupo de gente que empezó el curso de comunicación comunitaria siguió trabajando y al día de hoy se siguen juntando, armaron un reglamento, código de ética y manual de estilo y el mes que viene van a inaugurar la radio comunitaria de Oré Tapé, que va a ser una fuente laboral para estas personas”.

En el marco de estas propuestas formativas, la extensionista indicó que se enfatizan las capacidades para el autoempleo. “Damos herramientas para desarrollarse de manera autónoma y a eso apuntamos especialmente, más allá de que los cursos también los fortalecen para conseguir empleos en relación de dependencia”, explicó García.

 

Articular para aprovechar el esfuerzo

Con los operarios ya capacitados, el paso siguiente es generar oportunidades laborales. Desde la CNTyE del INTA, de manera articulada con el área de Entrenamientos Laborales del MTEySS, se inició un ensayo para vincular a quienes se formaron como constructores de obras para el acceso al agua con proyectos específicos que lo requieran.

Por un lado, entre 2016 y 2017, el programa ProHuerta –que conducen en el Ministerio de Desarrollo Social y el INTA– llevó adelante más de 600 proyectos especiales de desarrollo rural en todo el país. Entre ellos, 230 fueron de acceso al agua para uso integral e implicaron instalaciones como cisternas de placas, perforaciones, tanques australianos y sistemas comunitarios de distribución, entre otras soluciones tecnológicas. Por otro lado, desde 2015, 461 personas en 16 localidades diferentes se capacitaron en esa temática.

Por caso, de 15 participantes del curso en la localidad santafesina de Romang, cuatro completaron el entrenamiento con un desempeño excelente y fueron recomendados para esos trabajos. “Gracias a eso, cuatro chicos que son de hierro y que se las rebuscan para vivir hoy tienen la oportunidad de un oficio”, expresó la extensionista Marcela Menichelli, del INTA Santa Fe. “Se abre una luz de oportunidades para llevar adelante los proyectos especiales de acceso al agua, esto es oro en polvo y esos jóvenes están muy agradecidos”, agregó.

“Nuestro objetivo es contar con una herramienta sencilla para contribuir a responder a la demanda de obras de agua de los territorios, participando a las personas formadas en ese tema y que podría emplearse en esas actividades”, dijo el Coordinador de Extensión de INTA, Diego Ramilo. “Hacemos un gran esfuerzo para apalancar políticas públicas, para que el INTA sea una verdadera plataforma de implementación de las herramientas del Estado en nuestro trabajo de innovación territorial. En este sentido, el MTEySS, desde la Secretaría de Empleo ha sido un socio estratégico para contribuir a la problemática de empleo rural”, evaluó Ramilo.

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