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La primavera, una etapa decisiva para gestionar el ciclo forrajero

Un experto recomienda definir una estrategia productiva que sea la base para tomar decisiones en la elección de híbridos y en el aprovechamiento de las pasturas.

La primavera es una etapa de fundamental importancia en la planificación y ejecución de los trabajos dedicados a la conservación de forrajes. Una de las primeras claves a tener en cuenta es considerar el tipo de forrajes que tenemos como objetivo de acuerdo a la producción programada o la producción deseada.

Asimismo, independientemente de lo que veamos hoy, pensemos en que mañana no nos van a esperar las necesidades de nutrición de nuestros rodeos. Prever ese ritmo de demanda de alimento, es parte del manejo productivo programado, y es necesario anticiparnos a los hechos para tener previsibilidad en el sistema.

Seguramente y si no hay cambios sustanciales, en un mes más estaremos ante un escenario de rebrotes de las pasturas lo que quizás no podamos aprovechar al 100% con pastoreo directo.

 Debido a esto, estaremos ante un escenario de excedentes que, si vienen de la mano de alta temperaturas, podrán ser aprovechados o conservados mediante métodos de menos costo como la henificación, la cuál es eficiente cuando las temperaturas están por encima de los 15°.

Pero si las temperaturas no se elevan sustancialmente y estamos ante una primavera templada o fresca, lo mejor será pensar en ensilar los excedentes, elaborando silajes de pasturas el cual es por ejemplo un excelente complemento proteico para nuestros rodeos, principalmente para las recrías tempranas.

Independientemente del sistema elegido, el foco deberá estar puesto en lograr altos niveles proteicos con una altísima digestibilidad, para no limitar la producción de individuos de bajo tamaño corporal y asegurando el desarrollo que el día de mañana resulte en animales de mucha carne en la media res y buen rendimiento al gancho.

Otro factor determinante es que, teniendo esta estrategia, también podremos elegir el nivel de terminación y engrasamiento de estos animales independientemente del peso de faena, maximizando recursos, la producción por hectárea, y además potenciando el sistema, en un mercado que demanda aquello que sabemos y que podemos producir en nuestras condiciones naturales y al menor costo posible. Esto es lo que llamamos estrategia productiva.

La cuestión energética es el complemento de estas decisiones, y la planificación de la siembra de los cultivos que nos aportan este ingrediente a las dietas, también recae sobre el período primaveral.

Lo primero que debemos considerar y que muchas veces nos genera confusión es, si la energía la tomaremos de cultivos de sorgo o de maíz. A tal efecto deberíamos seguir aplicando la regla de cuantas mega calorías por hectárea nos aportará cada cultivo, como se “traducen” estas a energía disponible en el rumen, y el riesgo que significa cada cultivo de acuerdo a la zona agroclimática.

En el caso de decidirnos por maíz, es bueno considerar dos factores tales como: a) digestibilidad de la fibra del híbrido elegido, pero fundamentalmente la relación grano planta, dado que el primero (grano) es el que manda a la hora de definir digestibilidad, y b) energía en la dieta.

 Si tenemos más grano que planta, obviamente debemos elegir el momento de picado futuro cuando este exprese su mayor contenido de almidón.

En el caso que nos decidamos o que el ambiente nos “obligue” a sembrar sorgo, la decisión de siembra también es crucial ya que tenemos que elegir si “conseguir energía” a través del grano o si queremos un volumen que nos asegure oferta de forrajes para seguir potenciando las pasturas en el próximo ciclo productivo.

En el caso de que la obtención de nutrientes se oriente a la producción de grano, evidentemente la elección se debe inclinar al sorgo del tipo granífero o doble propósito, mientras que si deseamos cosechar fibra digestible, lo ideal sería elegir materiales de gran porte, para luego picarlos en estado vegetativo temprano, priorizando fibra digestible y el consumo.

En épocas en donde las actividades y obligaciones nos llevan a tomar muchas decisiones, tendemos a apresurarnos en la toma de las mismas para pasar o otros temas que siempre son urgentes. Pero no debemos olvidarnos que las decisiones de hoy van a repercutir en el próximo año y quizás mas allá, por lo que estaremos definiendo y condicionando nuestro futuro próximo.

Por esta razón considero que tenemos dos conceptos clave que nos ayudarán a la hora de definir decisiones estratégicas a largo plazo. Ellos son:

– Cantidad y calidad de nutrientes digestibles por hectárea

– Definir la estrategia que nos permita proseguir en el mediano plazo con el proceso de alimentación definido.

Priorizando la conveniencia de la toma de decisión acorde al modelo productivo y su impacto a mediano plazo sobre la rentabilidad y sostenibilidad del sistema, se nos hará mas sencillo dilucidar la estrategia a tomar en cuanto a la planificación de aprovechamiento de excedentes además del logro de ingredientes para la dieta confeccionados en el propio establecimiento.

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