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La siembra directa hace pie en España y busca ser referencia de sustentabilidad

Dos productores españoles cuentan su experiencia de producción sin arado. Son mirados como bichos raros pero tienen planteos más rentables. ¿Por qué no se difunde más el sistema?

Carne, vino, Messi y siembra directa (SD). ¿Por qué no? Argentina tiene íconos por los que saca chapa en el mundo. La implantación de cultivos sin roturar los suelos trasciende fronteras y, aunque lentamente, va ganando hectáreas en el mundo.

Clarín Rural entrevistó a dos agricultores españoles que relatan su experiencia con la siembra directa, las adaptaciones que tuvieron que hacer y tratan de explicar por qué esta técnica no se implementa más en zonas en las que habría réditos económicos y ambientales a partir de la reducción de la erosión, más vida útil para las máquinas por menor uso, más tiempo para ocuparse de otros negocios y estabilidad.

“Para nosotros, todo empezó porque necesitábamos más tiempo, cuando se jubiló mi padre dejamos las ovejas y nos quedamos haciendo sólo agricultura con mi cuñado, y entonces abrimos un restaurante, pero si seguíamos con la agricultura tradicional era imposible atender los dos negocios, por eso, la siembra directa, el primer beneficio que nos dio es tiempo”, remarcó Francisco Jaso Murillo, productor de 53 años que hace 17 practica la siembra directa en Aragón, cerca de Zaragoza, en el norte español.

“Cuando sembramos en directa y empezamos a ver los primeros nacimientos me dije, ¡por qué no hicimos esto antes! Fue un cambio radical para el suelo, porque hemos parado la erosión que es tremenda, hemos mejorado materia orgánica que tenía niveles de vergüenza, pudimos regularizar las cosechas y sembrar todos los años, porque acá, en convencional se siembra año por medio”, dijo Jaso Murillo, que se nutrió sobre siembra directa a partir de textos de Carlos Crovetto y en un congreso Iberoamericano donde tomó contacto con AAPRESID: “Con los argentinos entendí cabalmente cómo era el sistema, salí muy entusiasmado”.

“Tenemos un clima árido a semidesértico en donde llueven por año 350 milímetros mal distribuidos, porque no es raro tener tormentas fuertes que generan mucha erosión, y casi toda el agua viene en invierno”, repasó Jaso Murillo. Los suelos, por otro lado, son 60% franco-arenosos y 40% franco-arcillo-limosos, con muy poca materia orgánica. Por eso, es fácil que haya problemas de emergencia.

Uno de los datos más llamativos es que estas condiciones agroecológicas obligan a los agricultores en convencional a sembrar cada dos años. “Nosotros, en siembra directa, podemos sembrar todos los años, pero si roturás, para conservar el agua y nitrógeno se siembra año y vez”, remarcó Jaso Murillo.

De las 800 hectáreas que siembra este agricultor ya tiene 500 bajo sistema de siembra directa. El resto, siguen con vertedera, y tres o cuatro pasadas de cultivador. “Una familia en esta zona necesita al menos 200 hectáreas, más algo de ganadería y algún trabajo extra para vivir al día”, dijo el productor.

Jaso Murillo siembra más que nada cultivos de invierno, guisantes y cereales, trigo blando, trigo duro y cebada, pues “en verano no se puede sembrar casi nada”. “Los guisantes en siembra directa van de maravillas, hemos logrado una media de 1800 kilos por hectárea (kg/ha) con rendimientos punta de 3000 kg/ha, mientras que en cebada logramos 2200 kg/ha y en trigo duro 1600”.

Unos 160 kilómetros más al norte, Luis Miguel Arregui, profesor de la Universidad de Navarra y productor, también está pisando las dos décadas con la siembra directa. Está a 90 kilómetros del límite con Francia y a 100 de San Sebastián, la costa norte española. Es una zona dispar que recibe 1000 milímetros al norte pero 200 al sur. Hay gran variabilidad en corta distancia. Arregui está a la mitad, en los 600 milímetros/año, mayormente precipitados en invierno.

“Acá una familia que practique la agricultura en secano puede cubrir sus necesidades básicas con la producción de una superficie media de 120 hectáreas, es una zona bastante regular de rendimientos con trigos que rondan los 5000 kg/ha pero ha llegado en años buenos a 7000, incluso 9000 kg/ha”, relató Arregui.

Basados en el clima, Arregui siembra básicamente cereales de invierno: trigo, cebada, avena, el resto son cultivos alternativos, oleaginosas como colza y leguminosas también invernales como guisantes, pesas y habas. En verano no se puede hacer mucho pero se animan a algo de sorgo y girasol en siembra directa. “Los cultivos de verano son una lotería por el agua”, advirtió.

 De los 17 años que lleva haciendo directa, Arregui tuvo unos primeros 12 años más “light” -como dice él- en donde sólo sembraba y acomodaba rastrojos. “Así vimos que al menos manteníamos materia orgánica en torno a 1,5-2%, no perdíamos”, relató. Los últimos cinco años hizo un upgrade: empezó a trabajar con enmiendas orgánicas, cubiertas vegetales, y en algunos casos ha visto mejoras en la calidad del suelo. Pero todavía es muy apresurado sacar conclusiones.

Diferencia de costos

En la zona donde está Francisco Jaso Murillo, donde, en convencional, sólo puede sembrarse año por medio, la diferencia de costos es radical entre laboreo convencional y siembra directa. “De arranque, tengo 182 euros por hectárea para una siembra convencional y 63 euros para siembra directa, pero además, el desgaste del tractor que por horas de trabajo hay que cambiar cada 10 años, más las piezas desgastadas cuando estás en un planteo convencional, en siembra directa puedes tenerlo 35 años, sin contar las horas/hombre que también son muchas menos”, explicó el productor.

En convencional cuantifica una pasada de arado, dos de cultivador aunque muchas veces son tres y hasta cuatro pasadas, extracción de piedras y rodillo, mientras que en siembra directa sólo tiene la aplicación de herbicida pre emergente.

Para Arregui, está claro que lo primero que se mira es lo económico y esa batalla la gana la siembra directa por lejos. “Si usás menos las máquinas podés amortizarla en más tiempo, y el gasto de combustible en mi caso bajó un 40% así como mi tiempo dedicado al campo, lo que me permitió combinarlo con otra actividad”, dijo Arregui.

También le sucedió lo mismo a Jaso Murillo, que encontró el tiempo que le faltaba para atender un restaurante familiar en vez de estar sentado 1200 horas por año arriba del tractor.

Pero no sólo es tiempo y dinero, también la siembra directa les aporta mejoras ambientales. “No son cosas que se vean y cuantifiquen tan fácil como las horas de tractor, pero el sistema va respondiendo”, dijo Arregui.

El famoso “¿Qué dirán?”

“Creo que sólo un 10% del total de la superficie cultivada en España está en siembra directa pero la realidad es que apenas el 5% te diría que se hace el sistema completo, en el resto sólo se usa la sembradora”, opinó Arregui. Y agregó: “Acá la cultura es la del laboreo, y existe un miedo al cambio, creo que sobre todo se debe a la falta de información, las tradiciones, el que dirán pesa mucho y hay pocos agricultores que hagan siembra directa a conciencia”.

Jaso Murillo coincidió en aquello de la tradición, pero apuntó que “cuando se trajeron las primeras sembradoras de directa se hicieron mal las cosas, sólo para cobrar un subsidio”. “Por otro lado, muchos piensan ¿para qué arriesgar a cambiar si desde que entró en vigencia la Política Agrícola Común (PAC) se ofrece una subvención alta?”, dijo Jaso Murillo.

El productor de Aragón apunta a la mala o deficiente divulgación. “Todavía no se entiende bien para qué es y para qué sirve la siembra directa y los ingenieros agrónomos poco ayudan, terminan siendo vendedores de insumos”, se lamentó. Y agregó: “Es cierto que algunos han visto malas experiencias en algún momento inicial, pero yo he visto muchas buenas experiencias y eso tratamos de transmitir desde nuestro lugar”.

En este sentido, cuando le ha tocado contar lo que hace, Arregui está convencido que hay que ir de las teorías a la práctica. “Lo que falta en España es divulgación, pero no sólo científica, sino transmisión de experiencias, que más productores vean que otros como nosotros pueden hacerlo y bien, así es más fácil comparar y animarse”, dijo Arregui que busca romper mitos como el de la imposibilidad de sembrar con rastrojos, o que allí es un reservorio de plagas y enfermedades imposibles de manejar.

Por otro lado, Jaso Murillo advirtió que está latente el uso de herbicidas. “El glifosato no está bien visto, somos los malos, los marranos que usamos químicos, pero si vinieran a mi campo después de una lluvia a ver cómo queda con siembra directa y en convencional seguro nos apoyarían más”, dijo convencido.

 

Desafíos

Para Arregui, el desafío es asentar el sistema, entender mejor los circuitos, rotaciones, manejo de residuos, de plagas como las babosas. “La agricultura va hacia un menor uso químicos, entonces el poder contrarrestar las plagas y enfermedades de una manera más holística, con rotaciones, sabiendo qué hay que hacer para ir acomodándola es un reto”, graficó.

Para Jaso Murillo, todavía son pocos los que avanzan con la siembra directa, pero vale la pena. “El objetivo es que el suelo esté siempre vivo, las raíces, pero nos falta tecnología en Europa pues no se pueden implantar GMO, entonces es todo más difícil, hacemos mucho en base a agronomía pero nos ayudaría un impulso tecnológico”, cerró Murillo.

La siembra directa cambió la forma de producir pero también sus vidas, les dio tiempos que antes no tenían. El costo que pagan es que los vean como bichos raros, pero se la bancan y van por más. Muchos todavía prefieren la tradición y los subsidios, otros, como ellos, apuestan por la sustentabilidad y romper mitos.

La visión de un argentino

Meses atrás Lucas Andreoni, productor y asesor argentino, visitó distintas zonas productivas de España. “Es un país en el cual los beneficios de la siembra directa son muy grandes, pero creo que pesa mucho lo cultural y el subsidio de la PAC”, opinó.

“Algunos están trabajando muy bien, y por los resultados creo que la siembra directa tiene gran potencial, sobre todo pensando en reducir la erosión tras grandes tormentas que se dan bastante”, esgrimió Andreoni.

Entre las cosas que más le llamó la atención al argentino, destacó que “la PAC de la UE tiene entre sus normas como modelo más ecológico pasar reja y vertedera antes que hacer siembra directa y esto es porque la ecología hace foco directo en los agroquímicos, cuando en realidad, sabemos que es peor usar tanto el tractor y al dar vuelta los rastrojos liberás muchísimo dióxido de carbono, es raro todo esto”.

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