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Producir hortalizas pesadas con labranza cero

En el Valle del río Colorado –Buenos Aires–, un trabajo realizado por técnicos del INTA determinó que el cultivo de ajo, cebolla y zapallo en siembra directa y riego por goteo incrementó los rendimientos y redujo las tareas en el lote. Además, permitió ahorrar combustible y hacer un uso más eficiente del agua.

hortalizas AGRO

El valle bonaerense del Río Colorado (VBRC) es una de las zonas hortícolas más importantes del país. Allí, en casi 20.000 hectáreas se produce ajo, zapallo y se concentra gran parte de la producción de cebolla, que abastece el 80 % del consumo nacional y las exportaciones de este rubro. Como se trata de cultivos intensivos que demandan muchos recursos, técnicos del INTA trabajan en la incorporación de la labranza cero y el riego por goteo a los sistemas productivos de la región. Ensayos realizados demostraron que en algunos casos se duplican los rindes, se reducen de las tareas de laboreo, se ahorra combustible y permite hacer un uso más eficiente del agua.

En general, los sistemas productivos de hortalizas pesadas se caracterizan por la alta frecuencia e intensidad de laboreo con prácticas que van desde la preparación del suelo y el control de malezas hasta la sistematización del riego. Sin embargo, para Juan Pablo D´Amico, especialista del INTA Hilario Ascasubi –Buenos Aires–, “es posible incorporar la labranza cero a la producción de ajo, cebolla y zapallo”.

La definición conceptual de labranza cero indica que se trata de un cultivo (iniciado por siembra, plantación o trasplante) sobre un suelo cubierto de material vegetal y sin laboreo. “En términos generales, esto implica un ahorro de labores previas a la siembra”, señaló D´Amico y agregó: “Es un proceso que demanda menos trabajo, pero requiere mayor conocimiento, planificación y criterio”.

Con una superficie ocupada de entre 9.000 y 12.000 hectáreas, los destinos de la producción de cebolla son –sobre todo– el mercado interno y la exportación a Brasil. Durante gran parte del ciclo, tanto la cebolla como el ajo no logran una adecuada cobertura del suelo por el lento desarrollo inicial y la arquitectura de las hojas.

En este caso, “la cubierta vegetal mejora sustancialmente la economía del agua, aumenta la infiltración y la capacidad de retención hídrica”, explicó el especialista del INTA quien resumió: “Tener el suelo protegido ayuda a reducir la erosión y la amplitud térmica”.

En comparación con el sector agropecuario, la horticultura demanda 30 veces más mano de obra, utiliza 20 veces más insumos e implica 15 veces más inversión en maquinaria y equipos por unidad de superficie. “La aplicación de labranza cero no solo busca una disminución en las tareas, sino que, además, explora tecnologías que ayuden a la conservación de los recursos y que resulten convenientes desde el punto de vista económico”, expresó el técnico del INTA.

Menos prácticas, más rindes

En la geografía del valle predominan los suelos arenosos con bajos niveles de materia orgánica y buena profundidad. De acuerdo con Patricio Varela, especialista en riego del INTA Hilario Ascasubi, la cantidad de agua para riego es crítica, por lo que es el factor más limitante para el aumento de la superficie cultivada y el desarrollo territorial. “La combinación de la siembra directa y el riego por goteo es una de las mejores estrategias para la conservación de los dos recursos más importantes, el agua y el suelo”, aseguró.

Desde hace cinco años, técnicos del INTA realizan ensayos para adecuar la tecnología a las particularidades de los cultivos y a las condiciones agroecológicas del Valle Bonaerense del río Colorado (VBRC).

“En cebolla, los rendimientos obtenidos hasta el momento son equivalentes entre ambos sistemas”, expresó D´Amico y agregó: “Acá, el principal desafío es lograr un adecuado stand de plantas con altos volúmenes de cobertura”.

En el caso de ajo, los técnicos del INTA analizaron el rendimiento y la distribución de calibres en ambos sistemas de labranza. “En general, los rindes estuvieron en el orden de los 8.900 kilos por hectárea de ajo colorado y no se registraron diferencias en el peso medio de los bulbos, que para ambos tratamientos fue de 50 gramos”, manifestó D´Amico.

Sin embargo, las principales diferencias se registraron en el tratamiento con labranza cero. “Notamos una drástica reducción en la cantidad de labores en la etapa de preparación del suelo y menor cantidad de intervenciones destinadas al control de malezas”, indicó el técnico del INTA.

Asimismo, desde 2015 evalúan el desempeño de zapallo anco sobre centeno como cultivo de cobertura y rastrojo de maíz con fertirriego por goteo subterráneo. “En las dos campañas, la producción alcanzó los 50.000 kilos por hectárea, duplicando los mejores rendimientos comerciales registrados en el VBRC”, aseguró Varela y añadió: “Con labranza cero y riego por goteo subterráneo duplicamos el ahorro en el uso de combustible y de la mano de obra y fuimos cuatro veces más eficientes en el uso del agua”.

Para poner en perspectiva, D´Amico analizó comparativamente el rendimiento y el uso de los principales insumos. Con labranza cero y sobre centeno, el zapallo demandó sólo el 35 % de las labores, el 25 % del aporte de agua de riego, el 80 % del gasto de combustible y el 85 % de la mano de obra.

De todos modos, D´Amico aclaró que “si bien las experiencias iniciales arrojaron datos que deben ser validados y consolidados en diferentes condiciones y ambientes, resulta una base promisoria para continuar con la mejora de las prácticas aplicadas a la producción de hortalizas que darán sustentabilidad al sistema”.

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