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Proyectan rindes de 50 quintales de soja en el centro y sur de Santa Fe

El dato surge de la red de ensayos del INTA en la zona. Los rendimientos serán desparejos y hay lotes con problemas hídricos, pero los técnicos coinciden en que es una buena campaña.

El centro y el sur de Santa Fe, es una de las zonas en las que la soja puede expresar su máximo potencial. El INTA Oliveros hace más de 20 años que cuenta con una red de evaluación de rendimientos de soja (RED) que permite conocer con precisión cómo viene la oleaginosa en un ciclo que pinta bueno (se estima una cosecha de 55 millones de toneladas), aunque con rindes desparejos.

Los técnicos del INTA acaban de finalizar una recorrida por los lotes testigo de la red que incluyó campos de Landeta, Gálvez y la Estación Experimental del INTA Oliveros.

Juan Enrico, coordinador de la RED de cultivares de soja en el sur de Santa Fe, explicó que para la zona de Oliveros los cultivos implantados en octubre y principios de noviembre son los que se encuentran con mejor potencial de rendimiento. “El problema es que durante la siembra, sobre todo al norte de Oliveros, las lluvias dificultaron este proceso haciendo que el crecimiento de la soja sea muy dispar según las zonas”, advirtió el técnico.

En cuanto a la soja de segunda, Enrico estableció que se encuentra en muy buen estado exceptuando aquellos lotes que no lograron sembrarse ni bien cosechado el trigo. “Los rendimientos también serán muy dispares debido a las precipitaciones caudalosas ocurridas en noviembre (400 milímetros) y diciembre (300 milímetros). Estas lluvias generaron encharcamientos y pérdidas de stand de plantas, y en zonas bajas pérdidas casi totales” remarcó el especialista.

En términos generales, la soja está en una muy buena condición y en aquellos cultivos sembrados en fecha óptima las perspectivas de rendimiento son altas.

En la zona de Landeta, Gustavo Almada (del INTA Carlos Pellegrini) contó que entre principios de noviembre y mediados de febrero la zona recibió entre 550 a 750 milímetros. “El aporte hídrico a los cultivos fue muy bueno, pero la zona central del Departamento San Martín es una cuenca cerrada, y estos excesos hídricos afectaron alrededor de 30.000 hectáreas en donde no se podrá cosechar o el cultivo rendirá mucho menos”, indicó. Debido a esto, habrá rendimientos muy desiguales en esta zona, en función del agua caída.

En líneas generales, la campaña de cultivos de verano en esta zona va a ser buena. “A su vez, hay muy buenas expectativas para hacer trigo, que es un cultivo que ha recuperado mucha superficie en esta región, en la que se implantan unas 100.000 hectáreas del cereal”, destacó Almada.

En cuanto a Gálvez, el inicio de campaña no fue el esperado. “La soja que se sembró en fecha óptima, entre fines de octubre y primera quincena de noviembre, está en buenas condiciones, sobre todo las que están en lotes altos. Pero las lluvias registradas de 300 milímetros en noviembre y 150 milímetros en diciembre generaron encharcamientos y pérdidas de stand de plantas en aquellos lotes más bajos”, explicó José Calcha (del INTA Gálvez). Por este motivo, la siembra de la soja de segunda se atrasó bastante.

En esta zona, los rendimientos también van a ser desparejos, según los lotes, pero en general la campaña también será buena ya que las condiciones climáticas están siendo favorables. “Si bien en este ciclo no se va a expresar el potencial de la variedad, en los sitios que se sembraron temprano los rendimientos oscilarían entre 45 y 50 quintales por hectárea, y entre 30 y 35 quintales por hectárea en soja de segunda”, adelantó Calcha.

El tema hídrico fue una cuestión clave esta campaña. Nicolás Sanmarti (técnico del INTA Oliveros), especialista en dinámica del agua, dijo que luego de un invierno relativamente seco, la disponibilidad hídrica para esta campaña fue muy buena. “En noviembre se registraron más lluvias que el promedio histórico, algunas zonas han recibido entre 300 y 400 milímetros; y enero también fue superior a su promedio histórico, rondando los 250 milímetros”, precisó.

Para principios y mediados de febrero, las precipitaciones fueron menores, pero ese estrés hídrico que sufrió la soja fue suplido por los casi 200 milímetros que cayeron a fines de febrero en las zonas de Pellegrini, Gálvez, Landeta y Oliveros.

“A diferencia con años anteriores, los lotes con presencia de napas altas (sin superar el metro de profundidad) no han marcado una gran diferencia con aquellos que no la tenían, debido al gran aporte hídrico de las precipitaciones a lo largo de esta campaña 2019”, concluyó Sanmarti.

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