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Radiografía sobre el consumo de fertilizantes en los principales cultivos

En total, se consumieron 2,8 millones de toneladas, según un relevamiento del Departamento de Investigación y Prospectiva de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

El Departamento de Investigación y Prospectiva de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires realizó una radiografía sobre el consumo de fertilizantes en la campaña 2017/18, un ciclo marcada por la sequía que perjudicó principalmente a la soja y al maíz.

Según el trabajo, el consumo total de fertilizantes en el ciclo anterior fue de 2,8 millones de toneladas, un 4% por encima del volumen registrado en la campaña 2016/17,creciendo por segunda campaña consecutiva.

Las gramíneas, fundamentalmente trigo y maíz, representaron los cultivos con mayor consumo de fertilizantes. Con un valor de 73% el aporte se mantuvo estable en relación al ciclo previo.

“En la campaña 2014/15, caracterizada por una baja adopción de tecnología previo al cambio en las políticas económicas, el aporte de las gramíneas fue del 65%”, reveló el trabajo.

En este sentido, se aplicaron en promedio 87 Kilos de fertilizante por cada hectárea sembrada en la Argentina en la campaña 2017/18. Según el trabajo, las gramíneas, con excepción del sorgo, fueron las que presentaron el aporte más alto de fertilizante por hectárea sembrada, siendo la cebada el cultivo que mayor aporte de fertilizantes por unidad de superficie recibió.

“Una producción concentrada fundamentalmente en el sur de Buenos Aires con planteos de Nivel Tecnológico Medio/Alto y con destino a la industria maltera explican estos valores”, explicó.

En cambio, la producción de trigo y maíz se extiende a lo largo de toda el área agrícola incluyendo en el promedio nacional planteos de Nivel Tecnológico Bajo.

En las oleaginosas, soja y girasol, se relevó baja superficie fertilizada y menor cantidad de fertilizante aplicado por hectárea en relación a las gramíneas.

Por otro lado, según resaltó el estudio de la Bolsa de Cereales, las fuentes de fertilizantes utilizadas variaron según el cultivo. Por ejemplo, las gramíneas, como trigo y maíz, concentraron su consumo en fuentes nitrogenadas (urea fundamentalmente). En las oleaginosas, el consumo de fuentes nitrogenadas fue reducido. En girasol representaron un 27% del volumen total, mientras que en soja no se relevaron cantidades representativas.

“La nutrición en soja consistió fundamentalmente en el aporte de fósforo y azufre, siendo las fuentes más utilizadas el SPS y SPT. En girasol la fertilización fosfatada se realizó mayoritariamente con DAP y MAP”, agregó.

Un punto aparte es el bajo uso del muestreo de suelos para fertilizar de forma correcta. Si se consideran los cultivos bajo estudio, sólo un 16% de los productores fertilizó en función de los resultados obtenidos de un análisis de suelo.

Cabe destacar que, desde la primer medición en la campaña 2014/15, este valor ascendió del 10% al 16%. “La adopción de esta práctica no es uniforme, estando relacionada al tipo de cultivo y al Nivel Tecnológico. En cereales (maíz, trigo y cebada) y a mayor nivel de tecnología más elevado fue el porcentaje de productores que la realizó”, deslizó el informe.

Clarín Rural

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