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Un puente verde que ataja la erosión y compite fuerte contra las malezas

En Entre Ríos, la empresa Man Agro utiliza los cultivos de servicio para proteger los suelos en lotes con pendientes y utilizar menos herbicidas. Un upgrade para la siembra directa. 

La evolución de la agricultura ha sido permanente a lo largo de todos los tiempos. Sea como una enorme aspiradora de innovaciones o como gestora de las mismas. En este camino, Argentina ha consolidado su liderazgo con la siembra directa, una técnica que ofrece beneficios por doquier a partir de una mejor condición para el recurso estratégico de la actividad: el suelo.

Cuatro décadas después de sus primeros pasos, se está gestando un upgrade, una evolución de la siembra directa. Si bien no constituyen una técnica nueva, lo novedoso es cómo los cultivos de servicio (antiguamente también conocidos como cultivos de cobertura, incluso, puentes verdes) se están expandiendo a toda la geografía nacional.

Esta modalidad de manejo se ha ido probando inicialmente en la zona núcleo, pero se ha ido expandiendo de norte a sur y de oeste a este. Representativo de esto es el trabajo que está haciendo Man Agro en sus campos del sur entrerriano, más precisamente en Victoria (a 87 km de Puerto General San Martín), Gualeguay y Larroque.

“Son suelos argiudoles o vertisoles, con alto contenido de arcilla, un régimen hídrico de lluvias importantes y una topografía muy susceptible para la erosión hídrica”, resumió el gerente de producción de Man Agro en Entre Ríos, Santiago Frati, en diálogo con Clarín Rural. Y agregó: “Esta campaña tuvimos la mitad de la superficie cubierta durante todo el invierno, en parte por trigo y en parte por cultivos de servicio como vicia antecediendo al maíz tardío o avena como antecesor de soja de primera”.

El objetivo es que entre el suelo y la gota se interponga vegetación que reduzca la energía cinética que lleva el agua. Pero además, que ese suelo tenga muchas raíces de vicia, centeno, avena o el propio trigo que le hagan de sostén evitando así la erosión y la formación de cárcavas, típicas en Entre Ríos.

“Esta campaña, ese efecto contenedor se vio de manera espectacular, porque a fines de noviembre llovieron 120-130 milímetros y lotes que venían con historia de cultivos de cobertura contuvieron mejor los rastrojos, versus lotes al lado que todavía no están en el sistema y el agua se llevó todo, suelo y rastrojos”, resumió Frati.

Además, mantener la intensificación a tope, con lotes cubiertos todo el año, permite combatir otro de los grandes enemigos de la agricultura actual, las malezas. Ya no son rentables (ni sustentables) los barbechos largos, donde hay que mantener limpio el lote 3, 4 o 6 meses. Malezas resistentes y tolerantes han puesto la vara más alta para la agricultura.

“La vicia que se siembra, apenas cosechada la soja, está todo el invierno, la primavera y hace un volumen importante de materia seca que sombrea todo y abajo no viene nada, pero una vez que la quemamos, ese volumen de rastrojo empieza a bajar, aparece la luz y semillas latentes de malezas empiezan a germinar, no obstante, la diferencia de presencia-ausencia de malezas entre un manejo convencional versus uno con cobertura todo el año es abismal”, contó Frati. Y apuntó: “Todavía no logramos dejar de usar herbicidas como ocurre en otras zonas pero vamos por el buen camino”.

La rotación típica de Entre Ríos es trigo/soja-maíz-soja. En ningún caso se hace soja sobre soja. El ingreso de los cultivos de cobertura es de la siguiente manera: antes de cosechar la soja de segunda o apenas cosechada se siembra vicia que antecede al maíz tardío, “para que fije mucho nitrógeno en el suelo y haga un buen volumen de materia seca”.

En marzo, antes de la cosecha de maíz tardío (que es en julio-agosto), se siembra avena con avión y esta campaña van a probar centeno. De este modo, al momento de cosechar el maíz ya tienen un cultivo de cobertura bien establecido que le compite frente a frente a las malezas invernales como rama negra, mostacilla, y también raigrás.

Esa cobertura se quema en octubre, para darle un mes de reserva de agua. Y en noviembre empiezan a sembrar soja de primera.

En los lotes que todavía no están sistematizados con coberturas quedan barbechos que son de hasta 6 o 7 meses, cuando va a maíz tardío, que ha sido una solución para esquivar el periodo crítico de falta de agua que padecen las fechas tempranas. Con las siembras de diciembre logran rendimientos similares pero más estabilidad. El gran problema del sistema es ese barbecho largo que invita a la proliferación de malezas y conlleva un control de altos costos. “Con vicia ahorrás una o dos aplicaciones de herbicidas”, dijo el gerente de Man Agro en Entre Ríos.

Frati destacó otra faceta interesante de la vicia como antecesor de maíz tardío, es que al ser una leguminosa va liberando nitrógeno que será “combustible” para el maíz tardío. Está estudiado que con una vicia de 5.000 kilos/ha de materia seca, no hay respuestas en la fertilización nitrogenada del maíz tardío. Entonces, representa un ahorro también en fertilización nitrogenada.

La estabilidad que han demostrado los maíces implantados en fechas tardías (con medias de rinde de 76 qq/ha) han volcado la balanza en su favor contra los maíces tempranos que pueden rendir una campaña 90 qq/ha y otra 50.

El maíz se comercializa en gran parte al frigorífico de Aves Soychú, que tiene la planta en Gualeguay (a 35 km del campo de Villa Larroque y a 100 de Victoria). Esto es una ventaja para producir maíz en la zona.

En soja, las propias características edáficas generan variabilidad. Apuntan a cosechar 3.500 kg/ha. “Le estamos dando mucha importancia a la fertilización con fósforo, una fertilización balanceada con azufre y fósforo, también empezamos a usar esta campaña trichoderma para mejorar el biocontrol”, explicó Frati.

En Entre Ríos Man Agro tiene 10% a 15% de la superficie con cultivos de cobertura o servicio. “Cuidar el recurso suelo para una empresa que se dedica a producir granos es fundamental, así que en hora buena todo este envión que se está dando porque cada vez más lo están haciendo en esta zona y en otras”, opinó Frati.

“Vemos que si no empezamos a implementar estos cultivos de servicio que nos permitan tener los suelos 100 por ciento cubiertos todo el año, a la larga, cada vez va a ser más difícil hacer agricultura porque el poder erosivo que hay en esta zona es tremendo”, apuntó Frati. Y agregó: “La siembra directa ayudó un montón, pero creemos que los cultivos de servicio son el próximo paso y nos preparamos para eso”.

Entre los desafíos para Entre Ríos está la idea de empezar a trabajar con agricultura por ambientes. El freno, por ahora, lo pone la poca disponibilidad de maquinarias adaptadas, por ejemplo, a hacer una siembra variable. Pero las cartas están jugadas y el objetivo puesto en la mira. Ya pronto se logrará.

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